MIGUEL BAZDRESCH PARADA
24 DE MAYO 2008
También el alma se enferma. No importa el significado con el cual se describa el “alma” según religiones, creencias o sentimientos. “Eso” con lo cual podemos referirnos las personas a la moción por el prójimo o incluso a la moción por el amor propio, puede obnubilarse, padecer dolor e incluso muerte. Observar el desenfreno por el dominio del poder, por ejercer dominación sobre otros con ese poder y por conservarlo en las propias manos sin parar en consecuencias para otros y aun para los mismos desenfrenados, es lo más parecido a observar en vivo el “alma” enferma.
¿Usted escucha de los poderosos, incluso de los clérigos, referencias al servicio de los demás? ¿Referencias a la compasión por los menesterosos? ¿Referencias, en fin, a mejorar la vida cotidiana de quienes forman parte de este colectivo que llamamos país mexicano? Yo no escucho estas referencias, ya ni siquiera como vacía justificación demagógica. Escucho que estamos en guerra, que no importan los muertos. Y que habrá más. Escucho que la idea y el parecer del poderoso es una verdad incontrovertible. Oímos, todos los días, que “avanzamos” y que los males evidentes no son sino piedritas en un camino vigoroso y certero. Camino nebuloso y sombrío, sin embargo, para quien quiere identificarlo, al menos con un estilo de hablar que use los sustantivos y no los muchos adjetivos, triunfalistas o agresivos, con los que nos dejan sordos los poderosos.
Los hechos hablan: Impunidad, sea por crímenes “pesados” o por crímenes de peones sin nombre. Excesos de poder “pintados” de tolerancia, sin sanción. Impacto económico en el bolsillo de todos por los altos precios, vestido con el típico: “Desorden pasajero de las variables externas”. Inversiones en descenso. Descaradas invitaciones públicas a la corrupción justificadas con vagos propósitos de compromiso social, mediante proyectos de toda índole: deporte, inversiones, educación, gasto público, transparencia o elecciones. Recurso a la ley para lograr un beneficio personal o de grupo. Reformas legales para perpetuarse en el poder sin el menor respeto por principios y valores. ¿Diagnóstico? Nuestra “alma pública” está enferma.
No hay medicina. Sólo un camino a recorrer: Reconocer los hechos. Obrar en consecuencia. Corregir. Actuar. Ejercitar las buenas prácticas. Para esto, los poderes públicos tienen hoy cuatro ocasiones, que ni pintadas son mejores: Renovar al consejo del ITEI con ciudadanos independientes. Exigir la licencia al Procurador. Renovar la ley electoral para garantizar imparcialidad e independencia. Revisar la actuación del Presidente de la CEDHJ. ¿Otros poderes? Quizá Dios se apiade.
miércoles, 11 de junio de 2008
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