sábado, 3 de mayo de 2008

¿QUIÉN FRENA AL GOBERNADOR?

MIGUEL BAZDRESCH PARADA

3 DE MAYO 2008

“Fuenteovejuna, señor. Todos a una”. Es una de las respuestas, no por antigua menos posible, a tan importante cuestión para la democracia mexicana, aun en trance de aprender acerca de las mejores prácticas propias de un sistema que privilegia la autorregulación y margina el autoritarismo. Es la vieja versión de la aun popular: ¡El Chapulín Colorado¡

No hay respuesta fácil vistos los hechos recientes en los cuales los gobernadores han cometido excesos. La lista, para abreviar, podemos comenzarla con José Murat gobernador de Oaxaca, el del autoatentado. El gober precioso poblano, de reciente incorporación a la lista de amigos de la Universidad. Ulises Ruiz actual gobernador de Oaxaca represor de la APPO. El señor Herrera, virrey (un equipo de fútbol bastó para demostrarlo) de Veracruz, y el recién llegado: Don Emilio, alteño de Jalisco, que cambió pistola por chequera. Todos éstos y otros, campean por sus respetos. La República se ha descubierto inerme ante sus veleidades autoritarias.

¿Quién puede frenar los excesos de un gobernador? Es una pregunta reiterada por muchos jaliscienses en estos días. Las respuestas legales son: El juicio político, que cualquier ciudadano puede intentar si aporta elementos de prueba de violaciones al texto supremo o a alguna ley federal. En el orden estatal no hay juicio político contra el Gobernador. Si existe el juicio de procedencia para encausar al gobernador penalmente por delito doloso grave. Sin embargo, eso, que se sepa, no ha sucedido. Otra defensa legal está en la revisión de la cuenta pública del Gobierno del Estado que haga la Auditoría Superior del Estado, quien puede observar si hubo desviación o exceso en algún gasto. Y si es el caso fincar las responsabilidades correspondientes.

Ahora bien, están los frenos sociales. El más fuerte es el desprestigio hoy llamado pérdida de legitimidad. Se manifiesta en desaires, desinterés en sus gestiones o propuestas, vacío o “ley del hielo” y otras conductas groseras por parte de la clase política, de la sociedad civil o del pueblo mismo. Otro freno, mediato pero fuerte, está en las elecciones: los electores pueden “castigar” al partido del Gobernador veleidoso y negarle el voto a su candidato. Desde luego, puede pensarse en los tumultos contra el Gobierno y el Gobernador y aun la resistencia pacífica: tomar la calle tal cual hizó hace años El Barzón o los camioneros y los taxistas. Desgasta al gobierno. También a los valientes.

Finalmente: Se puede frenar a sí mismo; reconocer agravios, pedir oportunidad de recomenzar. ¿Imposible?

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